CAPACIDAD
Como cualquier asociación voluntaria, la capacidad de PIF para cerrar la brecha entre la planificación y la implementación depende de la fortaleza de nuestra red. Los recursos humanos y financieros son el núcleo de nuestra capacidad de conservación. Las personas descubren qué limita las poblaciones de aves y usan esa información para planificar la conservación y diseñar paisajes para satisfacer las necesidades de las aves y la sociedad. Las personas integran las necesidades de conservación y las recomendaciones de políticas para crear programas de hábitat para las aves y otros animales salvajes. Los recursos financieros permiten a las personas generar esta información y poner en marcha esta conservación. Las personas que participan en todos los niveles de las agencias gubernamentales, las organizaciones no gubernamentales y la industria, así como los individuos, pueden influir en los hábitats de las aves o mitigar la mortalidad directa de las aves terrestres, y desempeñar un papel esencial en la obtención y entrega de los recursos necesarios a nivel internacional, nacional y local.
La conservación es un desafío social y cultural. Para cerrar la brecha de implementación y lograr nuestros objetivos de conservación, debemos involucrar a las personas que ya observan y aprecian las aves, así como a aquellas que están motivadas por la salud humana u otras preocupaciones. Hacer conexiones entre los valores culturales y la conservación puede motivar a las personas a actuar y ser un mecanismo poderoso para el éxito.
La gente disfruta y se preocupa por las aves. Uno de cada seis ciudadanos en los Estados Unidos y Canadá, personas de todos los ámbitos de la vida, participan en la observación de aves, ya sea que observen el comedero para pájaros en el patio trasero o viajen largas distancias para ver pájaros. La gente se preocupa cuando a más especies se les asigna el estado de peligro o riesgo. Así, muchos aportan tiempo, dinero y datos para la conservación. Por ejemplo, los datos de ciencia ciudadana han sido fundamentales para desarrollar planes de conservación e identificar fuertes disminuciones de población en especies comunes. Debemos continuar movilizando esta pasión por las aves y convertirla en acciones de conservación en todos los niveles.
Uniendo la brecha

El estudiante de doctorado de la Universidad Estatal de Kansas, Mark Herse, investiga las cavidades de los pájaros carpinteros.
La ciencia y la planificación para la conservación de las aves han avanzado rápidamente durante la última década, preparando el escenario para la acción. Sabemos que las aves terrestres necesitan con urgencia acciones de conservación que se apliquen consistentemente en amplios paisajes para estabilizar o revertir la disminución de su población. También sabemos que la gestión de especies en riesgo y en peligro de extinción es costosa, por lo que tiene sentido conservar las aves y sus hábitats ahora, antes de que estalle una crisis. Sin embargo, la brecha entre saber qué hacer y nuestra capacidad para hacerlo puede ser grande; a esto lo llamamos la brecha de implementación.
Encontrar nuevos mecanismos y recursos para cerrar esta brecha de implementación es esencial si queremos ir más allá de la planificación y lograr un éxito de conservación significativo. La brecha de implementación se deriva de tres problemas principales:
- Alcance y escala del desafío;
- falta de capacidad de conservación; y
- Necesidad de una mayor conciencia y compromiso social.